Delante de un cuadro de Alfred Sisley reproducido en la plana de abril de un calendario, se reprochaba para si la falta de vigor que le impedía atreverse a buscar por todo el mundo a la muchacha más dulce del mundo.
Ella llegó al hotel de noche, un domingo, hacía tres años, y ocupó una de las habitaciones recién reformadas. Una bella economista de paso por la ciudad para medir los costes financieros de cierta marca de baterías.
La mañana del martes la vio desde su coche en medio del paseo, bromeando con unos ancianos que tomaban el sol.
La mañana del viernes antes de salir del hotel, ella preguntó en recepción por una calle y pidió un plano. Esa noche conversaron los dos un buen rato a la entrada de la cafetería. A ella parecían divertirle las cosas que le contaba: de la ciudad, de su trabajo, de su vida. Quiso que supiera que era fan de Scorsese, que tenía la licenciatura de historia y tocaba el piano de oído. Pensó que así lo creería mejor de lo que jamás podría llegar a ser, de lo que era. Por su parte, él se enteró de que ella había roto con su novio unos meses atrás y de que la tarde del sábado pensaba dedicarla a patear la ciudad, cámara en ristre, como una buena turista.
Ya a punto de marcharse a casa, llamaron por teléfono. Reconoció su voz. “Prepárenme la cuenta para mañana a las siete. Tengo que irme”.
A él le pareció que lloraba. “¿Le ha ocurrido algo?”. “¿Se encuentra bien?”.
La joven agradeció sus palabras: “gracias, no es nada. Estaba cosiéndome un botón y me he clavado, sin querer, la aguja”.
Fue consciente de que un pinchazo no podía doler tanto y resolvió quedarse a pasar la noche en el hotel. Se cambió de ropa y anduvo perdido por el hall, como un sonámbulo, esperando a que regresara la luz. La llevaría en su coche hasta la estación, hasta el fin del mundo y le revelaría algún indicio de sus sentimientos. Le hablaría de su pasado y le propondría que intercambiaran la dirección de sus e-mail's.
Mas en su presencia -el vestíbulo casi a oscuras- pudo sólo sonreírla mientras Hilario le pasaba para que lo firmase el ticket de la visa. Luego, ya, andando tras sus pasos, le dijo adiós a sus espaldas y ella volteó su cuerpo y le mandó un beso con la mano, que -efímero- se desvaneció en el aire antes de que pudiese tocar sus labios.
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PARA LEER: Maurice (E. M. FORSTER)
PARA ESCUCHAR: Great Day For Gravity (KING L)
19 comentarios
¿Dónde estan los henares, palomares, almeares, etc?
Fui a corregir el post y poner
"...nos revolcábamos entre las pajas del heno llenos de sudor..."
y "...los cuervos nos observaban corretear en la era..."
que también era cierto
y más acorde -según me hicistéis, me hiciste, partícipe- con la realidad de las cosas, durante el proceso me salió una pestaña de borrar "borrador", lo cliqué y el post entero, y sus comentario, se fueron a tomar vientos, como la paja del heno.
Lo siento. Otra vez no pulsaré encima de borrar borrador. Bluff
...aventaste el post...
pero no separaste el grano de la paja
(Me reconforta saber que no soiy el único inútil instrumental de este mundo bloguero)
Es muy triste, sí, pero en el fondo da igual: Hubiesen acabado como todas las parejas.
Mucho mejor pensar lo que pudiera haber sido. La realidad nunca llegará a ser tan perfecta como lo que imaginamos.
Ya, Lipstick, pero él la quería. Tres años después la seguía queriendo. Hay gente así, ¡seguro!. Aunque reconozco que a lo peor se trata de un iconoplasta. Podría ser ¿no?.
En cuanto a lo que hablas de los idilios consumados, del destino que los va a deparar el futuro, eso, que dices, es lo que hay, ni más ni menos. Y partiendo de que el escenario que tenemos es ese (los escenarios idílicos son una quimera) va a caber valorarse su grado de bondad. El que una pareja se divorcie no tiene porque suponer que han sido un par de desgraciados mientras han convivido juntos (una obviedad). Las habrá que sí y las habrá que no. Y, entre medias, la inmensa mayoría.
Un abrazo!. ¿Ha aparecido la santa alianza?
Te veo demasiada afición por los amores que no llegaron a ser, Bluff. Literariamente quizás queden bien, para los que les gusten esas cosas, pero te confieso que a mi es un tema que me cae gordo. En mi mejor estilo Pangloss - personaje que siempre me ha parecido mucho más sabio que lo que Voltaire pretendía - diré una perogrullada: a los amores que no llegaron a ser, no llegar a ser es lo mejor que les pudo pasar. La naturaleza es sabia, y lo mismo que selecciona un solo espermatozoide entre miles que se pierden sin pena ni gloria o interrumpe embarazos de fetos inviables, se ocupa, sirviéndose de nuestras inhibiciones, nuestras cobardías o nuestros gatillazos, de eliminar en embrión relaciones perfectamente inútiles, cuando no nocivas. Si no reuniste valor para lanzarte, es que no te tenías que lanzar. Agradéceselo a tus disposiciones genéticas o a tus flaquezas anímicas, mucho más sabias que tú, y que le vayan dando morcilla a la economista rubia.
¿Rubia? ¿De dónde me habré sacado yo que era rubia?
¿Era rubia?
Dios mío, Vanbrugh, cómo suena eso. ¿Quizá a asignatura pendiente con una rubia?
Con cinco o seis, por lo menos.
Vale, vanbrugh, parcialmente de acuerdo, cómo no, con unos argumentos tan de Selección darwiniana, pero...
...Pero lo que no fue, lo que no pudo ser tiene toda la atracción de sus infinitas posibilidades, de que te naciera un genio de la música y no ese zopenco sin oido que uno tiene por hijo, de casarte con tu cuñada y no con tu mujer, de haberle hablado a aquella azafata que te colocó en primera clase cuando al tenderle tu pasaporte se dio cuenta de que era tu cumpleaños y te dijo: Felicidades, le pongo en primera que quedan plazas, y tu como un bobo sin estar a la altura ni del avión aún en tierra. Me consta que te gusta Krahe, pues bien la mitad de sus letras hablan de esto, de lo que pudo ser y no fue. Bluff, yo creo que es un tema literariamente muy potable y ser un Pangloss que piensa que todo es como debe ser me parece horrendo (remito a la frase final de mi ensayo sobre relato negro: no soy tan pesimista como para creer a los que dicen que vivimos en el mejor de los mundos, aunque haya otros y estén en este, claro)
No soy Pangloss, no pienso que todo es como debe ser, ni menos aún que todo debe ser como es (dos posibilidades parecidas, pero no exactamente iguales). Solo es que siempre he encontrado, en las afirmaciones panglossianas evidentemente tautológicas y reduccionistas, una especie de poso, o principio activo, que, debidamente filtrado y rezonablemente utilizado, puede servir como antídoto contra la actitud contraria a la de Pangloss, que me irrita más aún: todo está mal, todo lo que ocurre, por el mero hecho de ocurrir, es una nueva confirmación de la catástrofe que irremediablemente es todo, por definición.
Seguro que las infinitas posibilidades de lo que pudo ser y no fué tienen un gran atractivo, y ciertamente que son una mina para la literatura. Probablemente es mi falta de aprecio emocional por ellas una de las causas de que yo sea negado para la ficción, o una consecuencia más, paralela a mi negadez, de alguna otra causa más oculta e inconsciente.
El caso es que los amores imposibles y frustrados siempre me han caído gordos.
Más probablemente es, como bien apunta Kary Acontecida, consecuencia de mis muchas frustraciones juveniles con rubias, morenas, castañas, pelirrojas y hasta con alguna calva.
Sí, yo también fracasé con la deliciosa Sidney O´Connor (lo digo por las calvas); pero las que peor se me han dado siempre son las teñidas; debe ser porque las que no están a gusto con su color de pelo, tampoco lo están conmigo. Y ya sé que no eres Pangloss, mi querido vanbrugh: tu sabes perfectamente que las orejas y la nariz, aparte de para sostener las gafas, sirven para más cosas, por ejemplo, para sacarse la cera y los mocos.
Deleitosas ocupaciones, por cierto. Muy estimulantes de la actividad intelectual.
El post origen de los acertados comentarios que después lo diseccionan puede incurrir a mi juicio -en función del talante del lector o las circunstacias contingentes (provocación para Lansky, je, je, je...) en las que se lea- en la cursilería. Lo asumo.
Por lo demás... a mi me encantan los amores frustrados (vivirlos por lo menos). Porque (como dice el bolero) "..es mejor querer y después perder que nunca haber querido..", y, no debe olvidarse que los boleros (no se quien lo dijo, la frase no es mía) encierran en sus letras -cursis- las verdades más contundentes.
¡A ver si va a resultar que las mujeres -y sobre todo los hombres- somos todos unos cursis!. Joder, acordaos, que a mi me lo ha parecido hasta el mismísimo Cormack McCarthy. Bluff.
Te encantaan los amores frustrados, querido Bluff; así que de follar...ni hablamos.
Ni hablamos. La postura rídicula, el placer efímero y el coste exagerado.
Casanova era un gorrino.
¡¡Ja, ja, ja!!.
(Y la manía que me ha entrado ahora de reirme mis propias gracias ¿a santo de que cojones vendrá?)
No, el que es un gorrino es el constructor ese de Seseña, El Pocero. Casanova era un Señor del que aún se discute qué hacia mejor: si follar o escribir (deliciosas sus memorias en Aguilar: agotadas)
Otra perla del estilo de la postura ridícula es de una insigne (y presumiblemente frígida) feminista yanquí: "Se trata de empujar y de que te empujen para, finalmente, como conseguir poco: exactamente igual que en las rebajas"
Pensándolo bien y hablando de reirte de tus propias ocurrencias, sólo tengo una cosa que decirte: corrígete. Si no puede que termines sustituyendo tus exquisitos e introspectivos post por boutades del estilo de las de que el "bidel" lo descubrió un pato francés que nadaba en una fuente alrededor de un surtidor vertical ¿Me sigues?, pues, como dicen los taxista chelis de Madrid: me copies.
El próximo post va a ir "niquelao". De tan introspectivo no va a haber cristiano, ni marrano, ni gente de mal vivir que lo entienda. Un pasotón.
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